La inexistente reubicación de las lagunas de Texcoco


Mapa de los Cuerpos de Agua. Figura V.11 MIA
Mapa de los Cuerpos de Agua. Figura V.11 MIA
2017-03-16  | 
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Esta investigación forma parte de la Torre de Control, sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

“No hay ningún humedal ni lagos artificiales que supuestamente atenderían los problemas de flora y fauna”, confirma César Valle, poblador de Atenco y parte del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, a RindeCuentas.org. Según el calendario del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México (GACM) los trabajos en el lago y en las lagunas debieron estar acabados antes de finales de 2014.

El Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) presenta importantes retos ambientales para la flora, fauna y las comunidades aledañas al ex lago de Texcoco. Diversos especialistas se han mostrado inconformes con el hecho de que el aeropuerto se ubique en esa zona, donde el agua compone 80% del suelo y sirve de hábitat para aves migratorias y residentes. Algunos de los lagos actuales serán secados y sustituidos con nuevos cuerpos de agua; sin embargo, éstos no cumplen los requisitos que los expertos han indicado a RindeCuentas.org




El ex lago de Texcoco está conformado por 11 cuerpos de agua, de los cuales el Lago Nabor Carrillo y otras lagunas menores, como la de Xalapango y Texcoco Norte, son de principal importancia para las aves. El GACM, empresa paraestatal operadora del NAICM, reconoció en una respuesta a la opinión del Colegio de Ingenieros Ambientales, A.C. sobre la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), que el Lago Nabor Carrillo será usado para “privilegiar la función de regulación de avenidas y las segundas (las lagunas) serán de uso temporal para desaparecer posteriormente”1.

Para suplir al lago y a las lagunas secadas y desviadas, el GACM creará otros nueve cuerpos de agua al sur del ex lago de Texcoco2, según lo que estableció en la MIA. Sin embargo, en la misma respuesta al Colegio de Ingenieros Ambientales, el Grupo Aeroportuario sólo indica seis nuevas lagunas y lagos: Hidalgo y Carrizo, San Bernardino, Moño 2, Moño2’, Moño 1 y Peñón Texcoco Sur3.

Según Octavio Mayen, director de Comunicación del GACM, la creación de los nuevos cuerpos de agua es responsabilidad de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) y “los tiempos responden a una serie de construcciones de drenes de gran capacidad que tendrán que desembocar agua en estos vasos reguladores antes de que se envíen ya a drenaje profundo”, dijo en declaraciones a RindeCuentas.org.

Demasiado cerca y tarde

“Las mejores prácticas para reubicar o colocar cuerpos de agua o cualquier vegetación que atraiga a aves y fauna, es mínimo a 10 kilómetros de distancia desde cualquier aeropuerto. Se tiene que considerar que para las aves no hay barreras físicas en el aire, y muchas de las que llegan a Texcoco son migratorias”, dijo David Vite, biólogo experto en manejo y monitoreo de fauna en aeropuertos, a RindeCuentas.org.

Ninguno de los nuevos cuerpos de agua que propone el GACM está a más de ocho kilómetros de distancia desde el punto donde se ubicará el NAICM, según cálculos realizados con Google Maps.

Nuevo cuerpo de agua a 8.11km

Nuevo cuerpo de agua a 8.11km

Nuevo cuerpo de agua a 7.64 km

Nuevo cuerpo de agua a 7.64 km

Nuevo cuerpo de agua 7.38 km

Nuevo cuerpo de agua 7.38 km

Para cumplir el requisito de los 10 kilómetros, las lagunas y lagos artificiales tendrían que invadir la zona poblada de Chimalhuacán hacia el sur, y la Universidad Autónoma de Chapingo hacia el este.

10 km a Chimalhuacán

10 km a Chimalhuacán

10.05 km a la Universidad de Chapingo

10.05 km a la Universidad de Chapingo

Los trabajos de nivelación del terreno en el NAICM ya empezaron. El polígono que delimita las 4,500 hectáreas del nuevo aeropuerto ya está marcado y se registra entrada de camiones para la obra; sin embargo los nuevos cuerpos de agua no existen y nada indica que vayan a construirse pronto. Esto provoca que la fauna que huye del lugar donde ya están sucediendo las obras no tiene un nuevo hábitat, además de que generará afectaciones al suelo y, por tanto, al propio aeropuerto, una vez que esté construido.

Historia de Claudia Ocaranza, editada por Eduard Martín-Borregón.

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